28 de agosto de 2025
Agencias y relatores de la ONU, organizaciones de derechos humanos y académicos especializados han reconocido oficialmente el genocidio en Gaza, sin embargo, no es suficiente. Debemos alzar la voz y asumir nuestra responsabilidad ética colectiva para gritar basta.
El silencio no es una opción ante el genocidio del Estado de Israel contra el pueblo palestino en la Franja de Gaza.
Más de 60 mil muertos –un tercio de ellos niños, niñas y adolescentes–, miles de desaparecidos, cientos de miles de heridos, casi dos millones de desplazados, son la cifra desnuda del horror.
Agencias y relatores de la ONU, organizaciones de derechos humanos y académicos especializados han reconocido oficialmente el genocidio en Gaza, sin embargo, no es suficiente. Debemos alzar la voz y asumir nuestra responsabilidad ética colectiva para gritar basta.
Ahora mismo, miles de familias sobreviven en Gaza en condiciones infrahumanas, sin agua, sin comida, sin infraestructura, sin acceso a la salud. El hambre, convertido en arma de aniquilación, impacta fundamentalmente en niños y niñas.
La tragedia conmueve la conciencia moral de quienes creemos en el derecho a la vida y a la dignidad de todas las personas, cualquiera sea su idea política, religión, etnia o nacionalidad.
Destrucción planificada, sistemática y generalizada, incitación al odio, violación permanente de las resoluciones de la ONU, torturas, detenciones arbitrarias, deshumanización: el genocidio está a la vista y ningún pretexto vale para justificar el exterminio.
A partir de la abrumadora evidencia y documentación recabada, la Corte Penal Internacional (CPI) emitió, hace más de nueve meses, una orden de arresto contra el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, por crímenes de guerra y contra la humanidad. Corresponde a los Estados Partes, como señaló el fiscal de la CPI, estar a la altura y cumplir con las órdenes judiciales en virtud de los principios de jurisdicción universal.
Desde ya, frente al anuncio de una posible visita de Netanyahu a la Argentina, expresamos nuestro más absoluto repudio. No queremos a un genocida suelto en nuestro país y mucho menos que sea recibido con honores.
En estos tiempos de oscuridad, desde Abuelas de Plaza de Mayo, aquí en el sur del mundo, humildemente, sumamos nuestra voz a la de millones para pedir a los gobiernos que no miren para otro lado y se comprometan, como miembros de la comunidad de naciones, a poner fin al genocidio.
Negarlo es una afrenta a la razón, al igual que perseguir o censurar a quienes lo denuncian. Está aconteciendo ante nuestros ojos. Aunque los cerremos, sigue ahí. Pronunciarse en público al respecto tampoco puede ser un delito.
“O nos salvamos todos juntos o no se salva nadie”, decía el Papa Francisco. Nos hermanamos, pues, como parte de la familia humana, con todas las personas e instituciones que hoy reclaman la protección de la población civil en Gaza, el respeto del derecho internacional, el ingreso de ayuda humanitaria, la provisión de servicios básicos y el reconocimiento pleno del Estado Palestino. Y manifestamos, asimismo, nuestra solidaridad con todas las víctimas y con quienes arriesgan su vida en el terreno para mitigar el sufrimiento.
Fuente: Abuelas
Autor/a: Abuelas
Compartí