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Noticias · 27 de abril de 2021

Un rompecabezas del terror

  • Fuente: Abuelas
  • Autor: Abuelas

Cada testimonio del juicio por los delitos cometidos en Pozo de Banfield, Pozo de Quilmes y Brigada de Lanús va revelando aspectos de este circuito represivo de la dictadura.

Una a una, las declaraciones de sobrevivientes y familiares de víctimas que pasaron por los centros clandestinos Pozo de Banfield, Pozo de Quilmes y Brigada de Lanús, en el sur del conurbano bonaerense, se entrelazan para echar un poco de luz sobre los crímenes perpetrados allí por la última dictadura.

Miguel Ángel Soria era obrero naval del Astillero Río Santiago. Fue secuestrado el 6 de junio de 1976 en su domicilio de La Plata, en un operativo ilegal a cargo del Primer Cuerpo del Ejército. Ese fue el último día en que María Esther Buet vio a su esposo, tal como relató ante el TOF N° 1 de La Plata a cargo de la causa.

De camino a su departamento, el verdulero del barrio le advirtió a Esther que no se le ocurriera ir a su casa, porque estaba lleno de policías. Delegada del frigorífico donde trabajaba, había sido amenazada días antes: “Si no renunciás, pasamos por vos”, le dijeron y tuvo que dejar su empleo. Su marido también era delegado y militaba en la Juventud Peronista. Esther debió esconderse y la madre de Miguel fue quien prácticamente crió a su hija Stella Maris. El terrorismo de Estado destruyó a su familia.

En 2011, llamaron a su hija y le informaron que habían encontrado los restos de su papá, recordó Esther, sobre la identificación que el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF). “Se lo entregan y hoy lo tenemos, pero tampoco puedo entender que se lleven a alguien y devuelvan esos huesitos. Nunca lo voy a entender. Trataré de hacer el duelo. La verdad que no se puede vivir, es algo que me duele hasta hoy”, concluyó.

Stella Maris tenía 5 años ese 6 de junio que le cambió la vida para siempre. Estaba mirando La Pantera Rosa en la tele cuando una patota de la Brigada de Operaciones platense irrumpió en la casa de sus abuelos, donde también estaba su padre, quien trató de escapar por el fondo desatando la cacería de los represores. “Mi abuela fue a hacer la denuncia a la Comisaría 1ª y no se la tomaron. Recién al tercer día que fue se la aceptaron y a partir de ahí empezó el peregrinaje: trámites, cartas al Arzobispado, hábeas corpus. Fue a todos lados, como hizo la mayoría de los familiares”.

En todos esos años, Stella acompañó a su abuela en la búsqueda de su padre. “Mi papá estuvo detenido en La Plata. Después sí supimos que estuvo en la Brigada de Lanús. San Martín fue el último lugar donde estuvo detenido porque lo matan ahí, en Caseros”. Y cerró: “Si estoy acá, es también por mis abuelos, por mis viejos, para que se haga justicia y para poder entender las cosas”.

La hermana de Miguel, Norma Soria, era parte de la búsqueda junto con su madre y su sobrina. Entre lágrimas, afirmó: “Mi vida cambió mucho. Tengo miedo a las tormentas, porque cuando llegaban los militares eran días de lluvia, de tormenta y siempre con la luz apagada. Aunque encontramos los restos después, nos desarmaron a todos. Mi mamá iba a llevarle flores al cementerio a los NN, porque pensaba que cualquiera podía ser su hijo. Nos destruyó totalmente”.

Familias como los Soria han ido relatando los terribles alcances del terrorismo de Estado, al igual que decenas de sobrevivientes, como Juan Carlos Stremi, quien declaró en otra audiencia del juicio durante el pasado mes de abril. Militante de la Unión de Estudiantes Secundarios (UES), fue secuestrado a fines de julio de 1976 en La Plata: “Rompieron una sábana, me vendaron, me metieron en un auto hasta Pozo de Arana, estuve unos 12, 13 días –rememoró–. Había muchos compañeros, torturas, violaciones a las mujeres, simulacros de fusilamiento, todos los días llevaban y traían gente”.

“De ahí fuimos trasladados a la Brigada de Quilmes y después de varios días nos dieron de comer las sobras, vendados y las manos atadas atrás. Nos trasladaron a la Comisaría 3ra de Lanús, donde pudimos recibir visitas de nuestros padres. Yo estaba descalzo desde mi detención, me llevaron ropa, estuvimos unos dos meses, hasta que fuimos a la Unidad 9. Dos por tres te llevaban al 'buzón', un calabozo donde torturaban, yo fui dos veces y la pasé muy mal. Ahí estuve casi cuatro años hasta que me dieron libertad vigilada. Después fue difícil, tenía miedo, muchas pesadillas", contó.

Mario Colonna, trabajador y estudiante de Medicina en La Plata, fue secuestrado el 30 de julio de 1976 a la madrugada en su departamento. Juan Carlos, su hermano, sigue desaparecido. Su detallado testimonio se extendió dos jornadas. Patricia pozo fue otra de las sobrevivientes que declaró, como Virgilio César Medina, Leonardo Blanco, Marcos Alegría y Néstor Busso –histórico referente del nodo Viedma-Patagones de la Red por la Identidad–, que permanecieron en el Pozo de Quilmes. Cada uno de sus relatos, entre memorias, lagunas, emoción y mucho dolor, reconstruyen el cuadro siniestro de la dictadura.

La causa tiene a 18 represores en el banquillo, entre ellos Miguel Etchecolatz, el ex médico policial Jorge Bergés y Miguel “El Nazi” Wolk, responsable del Pozo de Banfield. Se los juzga por el destino de 442 víctimas, entre ellas 18 embarazadas y muchos de sus compañeros, y siete niños/as nacidos/as en cautiverio. Las audiencias pueden seguirse por La Retaguardia TV todos los martes a las 9.30. 

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