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Noticias · 26 de abril de 2021

“Siempre hay motivos para vivir”

  • Fuente: Abuelas
  • Autor: Abuelas

El segundo tramo de la causa Subzona 15 incluye los casos de 120 víctimas, entre ellas Raquel Negro y Tucho Valenzuela. Su hija Sabrina declaró en el juicio.

La nieta restituida por Abuelas Sabrina Valenzuela declaró en el juicio por los delitos de lesa humanidad cometidos en la Subzona 15 que comprendía los partidos de General Lavalle, Madariaga, Mar Chiquita, Balcarce, Alvarado, General Pueyrredón, Lobería, Necochea y San Cayetano, a cargo del TOF de Mar del Plata.

Hay siete represores imputados por homicidios, torturas y secuestros contra 120 víctimas y todos llegaron a esta instancia libres o con domiciliaria. El primer tramo de la causa tuvo sentencia en 2020 con 35 condenas, incluidos genocidas de los centros clandestinos Base Naval y La Cueva.

Sabrina prestó testimonio por el caso de sus padres, Raquel Negro y Tucho Valenzuela, militantes montoneros secuestrados el 2 de enero de 1978 junto con su hijo Sebastián en Mar del Plata. Raquel estaba embarazada de Sabrina y su hermano mellizo, a quien todavía buscamos.

“Esta es la sexta vez que declaro desde 2009. En estas causas se pudo comprobar el secuestro y desaparición de mis viejos y de sus compañeros, y mi nacimiento y el de mi hermano mellizo y la sustitución de nuestra identidad”, contó Sabrina, integrante de Abuelas e HIJOS Rosario.

“Desde 2008, cuando restituí mi identidad, tomé dimensión de cómo el genocidio había arrasado a mi familia y de su despliegue territorial en zonas y subzonas de todo el país”. Sabrina fue adoptada de buena fe. A los 30 años decidió hacerse el ADN que mostró vía Zoom al tribunal.

A partir del trabajo de reconstrucción que hizo, Sabrina refirió que ella y su hermano nacieron entre el 3 y 4 de marzo de 1978 en el Hospital Militar de Paraná y llevados al Instituto de Pediatría de esa ciudad. Gracias al testimonio de las enfermeras, frente a la complicidad de los médicos, quedó probado que “el melli” –como lo llama ella– nació.

“Hoy mi madre cumpliría 72 años. Estudiaba Trabajo Social y militaba en los barrios pobres de Santa Fe. Fundó el Movimiento Feminista y Peronista, después en las FARC y Montoneros. Con su primer compañero, también desaparecido, tuvo a mi hermano Seba”.

“Mi padre estudiaba derecho en Buenos Aires. Se separa de su primera compañera y viene a Rosario. Forman pareja con mi madre y se van a vivir a Brasil. Ingresan a la Argentina el 2 de enero de 1978. Son secuestrados en Mar del Plata. Mi papá estaba con Seba, de un año y medio, frente a la tienda Los Gallegos, fue un operativo importante llevado a cabo por la patota de Guerrieri y Galtieri, segundo cuerpo del Ejército. Mi mamá con un embarazo avanzado. Los llevan al centro clandestino Quinta de Funes, afuera de Rosario”.

“El secuestro estaba presideñado en lo que se conoció como Operación México, plan ideado de antemano por Galtieri y del que Videla estaba al tanto. Mi padre era la llave de acceso para eliminar a la cúpula de Montoneros".

Bajo amenaza de torturar a su familia, Tucho Valenzuela fue obligado a viajar a México en una operación de contrainteligencia, pero allí logró escapar y dio una conferencia de prensa denunciando lo que estaba pasando en Argentina. Mientras, Raquel seguía en Quinta de Funes. Como Tucho difundió los datos del lugar, un periodista llamó allí y pudo hablar con un subalterno de Galtieri. “Entonces los militares desalojaron todo y lo mudaron”, señaló Sabrina.

Su madre, quien junto con el sobreviviente Jaime Dri había decidido escapar, fue llevada para hacerse estudios que no estaban previstos y no regresó. “Mi mamá pasó unos 15 días en el Hospital Militar de Paraná y le contó a una enfermera que venía de Funes y que tenía un hijo. Cuando nos tuvo a mí y al mellizo, a él se lo sacaron del pecho y al día siguiente mi mamá no estaba más”, relató Sabrina. Raquel continúa desaparecida.

A Tucho Valenzuela lo recapturaron el primer día del Mundial 78 en Munro, y según una versión que recogió su hijo Sebastián, llegó a tomar la pastilla de cianuro. "Todavía no tenemos su cuerpo", se lamentó Sabrina, quien cerró su declaración citando una cinta grabada por su mamá dirigida a sus abuelos: “El ser humano tiene una capacidad de recibir los hechos dolorosos y de seguir viviendo. Por ahí parece que uno no puede, pero después siempre hay motivos para vivir, siempre hay fuerza, objetivos por los cuales vivir”, dice Raquel en el casete que su hija conserva como un tesoro. “¡La lucha sigue!”, concluyó Sabrina.

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