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Noticias · 16 de agosto de 2019

100 razones para festejar

  • Fuente: Abuelas
  • Autor: Abuelas

La vicepresidenta de Abuelas, Rosa Roisinblit, cumplió un siglo de vida y lo celebró junto a sus compañeras de lucha, familiares, amigos y colaboradores de la Asociación.

Nacida en Moisés Ville, provincia de Santa Fe, el 15 de agosto de 1919, nieta e hija de los primeros colonos judíos que llegaron a la Argentina, Rosa Tarlovsky de Roisinblit –nuestra querida Rosita– cumplió 100 años.

Desde su infancia sabe muy bien el valor de la memoria: “Todas las noches después de cenar charlaba con mis padres a la luz de la lámpara de querosene y nos contaban a mis hermanas y a mí por qué tuvieron que venir de Europa a la Argentina escapando de los pogroms zaristas. Eso me quedó muy grabado”, recuerda.

De joven estudió en Rosario, donde obtuvo el título de obstetra otorgado por la entonces Universidad Nacional del Litoral, y poco después ganó por concurso el cargo de Partera Jefa de la Maternidad Escuela de Obstetricia de Rosario.

En 1949 se trasladó con su familia a la Capital Federal, siguió trabajando de lo suyo y en 1951 se casó con Benjamín Roisinblit en 1951 y al año siguiente, el 8 de diciembre, tuvieron una única hija a la que llamaron Patricia Julia.

Enamorada de su esposo, dedicada a su familia y con una personalidad sensible, tenaz y sencilla a la vez, Rosa crió a su hija a la vez que continuó ejerciendo su profesión. Pero el terrorismo de Estado cambiaría su vida por completo.

Patricia comenzó su militancia en el PRT y posteriormente se incorporó a la columna oeste de la organización Montoneros, en el área de Sanidad, dado que estudiaba Medicina. Allí conoció a su pareja, José Pérez Rojo, con quien se casaron y el 28 de junio de 1977 tuvieron a su primera hija, Mariana Eva.

Quince meses más tarde, el 6 de octubre de 1978, ya con la dictadura en el poder, José fue secuestrado en la localidad bonaerense de Martínez y ese mismo día, en su casa de la ciudad de Buenos Aires, fueron secuestradas Patricia –embarazada de ocho meses– y Mariana. Luego del operativo, la niña fue entregada a su familia paterna.

Por testimonios de sobrevivientes, se supo que Patricia fue trasladada a la ESMA pocos días antes de parir. Allí pudo relatar que habían sido secuestrados por personal de la Fuerza Aérea, permaneciendo detenidos en una dependencia en la zona oeste del Gran Buenos Aires que con los años se determinó que se trataba de la Regional de Inteligencia Buenos Aires (RIBA). La joven dio a luz un varón el 15 de noviembre de 1978 en la ESMA. El parto fue asistido por el médico del Hospital Naval, Jorge Luis Magnacco.

La desaparición de su hija y de su yerno transformaría a Rosa en la dirigente de derechos humanos que hoy conocemos. Apenas se los llevaron, junto con su consuegra, Argentina Rojo de Pérez, se integró a las Abuelas de Plaza de Mayo, y desde entonces dedicó cada día a la búsqueda de los nietos de todas, no sólo del propio. Fue designada Tesorera de la Comisión Directiva, cargo que ocupó desde 1981 hasta 1989, cuando pasó a ser la Vicepresidenta de la institución.

En el año 2000 pudo localizar a su nieto, a quien se le restituyó la identidad en 2004. Había sido apropiado por Francisco Gómez, un agente de inteligencia de la Fuerza Aérea que, junto a su mujer Teodora Jofré, lo habían inscripto bajo el nombre de Guillermo Francisco Gómez.

Rosa ha recibido innumerables distinciones: Mención de Honor "Domingo Faustino Sarmiento", máxima distinción que otorga el Senado de la Nación Argentina; Ciudadana Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires; Doctora Honoris Causa en decenas de universidades; Reconocimiento por su resistencia a la dictadura militar en Argentina, otorgado por el Centro Simon Wiesenthal, entre otras.

Fue querellante en el juicio que dio por probado el plan sistemático de apropiación de niños durante la dictadura y también lo fue en la causa que investigó la desaparición de su hija y su yerno en la RIBA.

“La lucha no cambia para nada. Yo vengo todos los días a la Casa de las Abuelas y si bien estoy muy contenta de haber encontrado a mi nieto, no estaba acá solamente para buscarlo a él, sino a todos los que faltan. Me sentí privilegiada, pero también me sentí responsable y obligada a seguir buscando, sin olvidar a los padres de esos jóvenes por los cuales también estamos luchando hasta hoy”, dice Rosa.

El festejo de su cumpleaños N° 100 se realizó en FOETRA. Asistieron todas sus compañeros, familiares, amigos y colaboradores de Abuelas. El actor Osky Guzmán deleitó a la agasajada con un monólogo tierno y lleno de humor, la cantante Marcela Bublik –además biógrafa de Rosa– cantó junto a Osvaldo Burucúa, y después la propia Rosa se animó a cantar un tango, antes de soplar las 100 velitas. ¡Feliz cumple Rosa!

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