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Noticias · 29 de mayo de 2020

“Que nos digan quiénes se quedaron con mi hermano o hermana”

  • Fuente: ANCCOM
  • Autor: Paula De Lillo y Solana Camaño

Se reanudó el juicio por los crímenes cometidos en el mayor centro clandestino de la dictadura. Declararon las nietas Lorena y Flavia Battistiol y los tíos Landaburu, quienes aún buscan a su hermano y a su sobrino respectivamente.

La megacausa por los delitos de lesa humanidad cometidos en Campo de Mayo se reanudó con la primera audiencia virtual por el tramo conocido como “Ferroviarios”. Lorena y Flavia Battistiol declararon por el secuestro y desaparición de su mamá, Juana Colayago, embarazada de seis meses, y su papá, Egidio Battistiol. Por su parte, Roberto y María Esther Landaburu repusieron la desaparición de su hermana, Leonor, quien cursaba la última etapa de un embarazo, y la de su cuñado.

Ambos secuestros ocurrieron en agosto de 1977 y Abuelas todavía busca a esos bebés nacidos en cautiverio. Por estos hechos, están imputados los represores Carlos Javier Tamini, Carlos Eduardo José Somoza, Hugo Miguel Castagno Monge, Carlos Francisco Villanova, Luis Saadi Pepa y Santiago Omar Riveros.

Fueron al menos 323 las víctimas secuestradas en la Zona de Defensa IV –norte del Gran Buenos Aires– que pasaron entre 1976 y 1978 por Campo de Mayo. Los jueces del Tribunal Oral Federal I de San Martín, Daniel Omar Gutiérrez, Silvina Mayorga y Nada Flores Vega, investigan a 22 genocidas, de los cuales 13 no tienen condena previa y 9 ya han sido sentenciados por otros delitos.

Desde el inicio del aislamiento social, preventivo y obligatorio, los organismos de derechos humanos, las víctimas y familiares manifestaron la necesidad de continuar con los juicios y finalmente, a través de una plataforma virtual, el tribunal reanudó el debate oral sobre Campo de Mayo.

Una búsqueda sin fin

El 30 de agosto de 1977 Juana Colayago y Egidio Battistiol fueron secuestrados y desaparecidos. Cuando el grupo de tareas se presentó en su casa de Boulogne, Egidio estaba trabajando, por lo que decidieron esperarlo hasta las seis de la mañana. Irrumpieron portando armas y los metieron a la fuerza en autos. Ema Battistiol, la hermana de Egidio, estaba allí con su hija Sandra Missori de 13 años y también se las llevaron. Juana se encontraba cursando el sexto mes de embarazo y sus hijas mayores todavía buscan a ese hijo o hija. Flavia, de tres años y Lorena Battistiol, de casi uno, fueron separadas de sus padres. Las subieron a uno de los vehículos y más tarde fueron entregadas a una vecina, quien prefería no involucrarse, pero bajo amenazas aceptó recibirlas hasta que la abuela materna las fue a buscar.

Flavia cuenta que esa noche había ido un tío a visitarlas: “Cuando él se fue, estaba llegando el operativo con camiones y autos, pero nunca se imaginó que irían a mi casa". Durante el secuestro les robaron casi todas las pertenencias. “Se llevaron todo, no nos dejaron nada, ni un recuerdo”, dice Lorena.

Ema y Sandra, tía y prima de ambas, pudieron reconocer que permanecieron en Campo de Mayo gracias al recorrido que hicieron al ser trasladarlas: la arboleda, las vías del tren, la barrera, la cercanía. Lorena recordó lo que ellas les contaron: les asignaron números, Egidio fue separado y podían escuchar que era torturado en el cuarto contiguo mientras ellas eran interrogadas. Flavia ilustra el episodio de uno de esos días: “Sandra vio a mi vieja acostada y atada a una cama, como de hospital, mientras lloraba. Cuando mi prima le preguntó qué le pasaba, mi vieja seguía gritando. Entonces cuando los represores vieron que estaba tratando de ayudarla, la agarraron de los pelos y se la llevaron”. A los cinco días, Sandra y Ema fueron subidas a un camión y liberadas.

La abuela materna, María Ángela Lescano, buscó incansablemente a su nieto o nieta, su hija y su yerno. Desde 1977 hasta 1980 presentó habeas corpus todos los años, investigó en los distintos organismos de derechos humanos, ministerios, cárceles, hospitales y comisarías a partir de información que conseguía de vecinos y conocidos. Así llegó a contactarse con Abuelas de Plaza de Mayo. Y muchos años después, gracias a al proyecto del Archivo Biográfico Familiar que reconstruye las historia de los desaparecidos, Lorena y Flavia se integraron a la institución.

Lorena reclama por su Abuela: “Hace algunos años que presenta demencia senil, lamento que haya pasado tanto tiempo para llegar a esta instancia, porque ella merecía ser escuchada y que se supiera todo lo que había hecho buscando a mis viejos y a ese bebé que tendría que haber nacido a fines de noviembre, principios de diciembre de 1977”.

Un documento que resultó importante en la reconstrucción de los hechos fue un organigrama de inteligencia hallado por el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) a principios de los 2000. Allí se menciona a trabajadores ferroviarios que estaban siendo vigilados, entre ellos Egidio Battistiol, Juan Carlos Catnich y Enrique Montarcé, todos con sus apodos: “El Tanito”, “El Sanjuanino” y “Quique” respectivamente.

Lorena logró armar una cronología de la operación “Caída de los Ferroviarios” gracias a los distintos testimonios y archivos. Comenzó el 30 de agosto cuando Juana y Egidio, sus padres, fueron secuestrados. Al mediodía siguiente, un grupo de agentes se presentó en los talleres de José León Suárez del Ferrocarril Mitre y se llevó a Montarcé y Catnich. De allí se dirigieron a la casa de Enrique para buscar a su esposa, Iris Pereyra, y del domicilio de la familia Landaburu se llevaron a Leonor, embarazada de siete meses y medio. Durante la madrugada del 1° de septiembre fue el turno de la familia de Carlos Moreno. Luego, de Noroña con su pareja y sus dos hijas. En el barrio de Boulogne detuvieron al matrimonio Parra y, por último, a Enrique Gómez Pereyra y su esposa, que sería liberada.

La declaración de Lorena concluyó, entre lágrimas, con el pedido de que se haga justicia por su familia y por todos los desaparecidos, y que los culpables cumplan condenas en cárcel común perpetua y efectiva: “Me encantaría que quienes están imputados en la causa y que estuvieron en cercanía de mi mamá y de mi papá, como de todos los ferroviarios que estuvieron en El Campito, nos digan qué hicieron con ellos y quiénes se quedaron con mi hermano o hermana, con el bebé de Leonor Landaburu y el de Rosa Nusbaum. Que le pidan disculpas a mi abuela por todo lo que le hicieron vivir y que le cuenten qué le han hecho a su hija, y a nosotras qué le han hecho a nuestros padres”.

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