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Noticias · 26 de noviembre de 2014

Pedro Sandoval: "Todo lo que me pedía mi apropiador yo lo acataba, era una relación castrense"

  • Fuente: Abuelas
  • Autor: Abuelas

Adolfo Osvaldo Porcel, subcomisario de la Policía Federal (PF) actualmente en disponibilidad, está acusado de encubrir la apropiación del nieto Pedro Sandoval Fontana. Ayer en el TOF N° 5 de San Martín tuvo que escuchar las imputaciones en su contra por fraguar en 2005 un allanamiento tendiente a determinar la verdadera identidad del joven.

 

El secretario del juzgado leyó los pasajes más importantes de los requerimientos de elevación a juicio. En concreto, se acusa a Porcel de ayudar al apropiador y ex gendarme Víctor Enrique Rei alterando el procedimiento con el que se trataba de obtener objetos personales de quien hoy es Pedro Sandoval Fontana y por entonces Alejandro Adrián Rei. Porcel confeccionó el acta del allanamiento e insertó en ella declaraciones falsas, perfeccionando el encubrimiento de la apropiación.

En ese momento Rei ya estaba imputado por la apropiación del joven y gozaba de una detención muy amable en Campo de Mayo, rodeado de sus colegas de la Gendarmería. Finalmente, luego de un segundo allanamiento y un juicio oral, Rei fue condenado a 16 años de prisión.

Corría agosto de 2005. Porcel junto con el suboficial Daniel Vergara, que hizo las veces de chofer, y un auxiliar civil del laboratorio de la PF, Alejandro Antonio Ladra, se dirigió a la calle Ombú 1581 en Don Torcuato, partido de Tigre. Allí vivía el joven y allí fue donde Porcel consumó las irregularidades que se le imputan. El juzgado de María Servini de Cubría había ordenado la requisa de objetos personales para realizar un análisis de ADN. Porcel, responsable del allanamiento, si bien sabía perfectamente el objetivo de la medida, hizo todo mal para encubrir a Rei.

El allanamiento se realizó sin sorpresa, ya que Porcel, antes de ir a la casa del joven, fue a la panificadora del suegro, Pedro Villar, donde también estaba el joven, que trabajaba ahí, y él mismo los acompañó hasta la vivienda de la calle Ombú. Una vez en su interior. Porcel tomó objetos sin considerar si pertenecían o eran de uso de la víctima y sin ningún recaudo. El propio Rei le había dado al muchacho los objetos que debían llevarse en el allanamiento, del cual ya estaba avisado.

Porcel realizó el procedimiento sin testigos. De hecho convocó después a dos empleados de la panadería de Villar que no presenciaron nada, ni siquiera estuvieron en la casa, e incluso uno de ellos era semianalfabeto. Porcel redactó y suscribió el acta, llena de irregularidades y omisiones. Tanto la descripción de la toma de objetos, como los testigos, son falsos. Finalizado el allanamiento, Porcel se comunicó con el juzgado interviniente y les dijo que el procedimiento había sido positivo.

Porcel, quien ya venía participando de la investigación, algo confirmado por su ayudante Ladra, la obstruyó deliberadamente para que no se esclareciera la identidad del joven, con el agravante de que era un funcionario público. Estos hechos motivaron la realización de un nuevo allanamiento, tres meses más tarde, con el que sí se pudo determinar la identidad de Pedro Sandoval Fontana.

Porcel

Nacido el 5 de agosto de 1965 en Capital Federal, dijo ser profesor de Historia, Lengua y Literatura. No cumple más funciones en la PF desde el 11 de agosto de 2011, cuando fue pasado a disponibilidad justamente por esta causa. Está casado y es padre de tres hijos. Nervioso, pidió declarar y consideró que "esta es una causa política ideológica". "Yo cuando fue la dictadura estaba en la escuela. Entré en la policía en 1984. Nadie de mi familia pertenece a las fuerzas de seguridad, solamente yo. He detenido apropiadores, apropiadoras y llevé a posibles hijos de desaparecidos al Hospital Durand" (sic).

Interrogado por el fiscal, relató el día del allanamiento. "Salimos con un chofer de la sede de la división, en Moreno 1150 de la Capital Federal. Fuimos al Bajo a buscar a un perito del laboratorio químico y de ahí a Don Torcuato. Tardamos unas dos horas y media en llegar al lugar. A los testigos los buscamos en las inmediaciones del domicilio. Mucho no recuerdo, debían estar en las proximidades... No recuerdo bien, pero las debo haber hecho yo las convocatorias".

"[En el domicilio de la calle Ombú] golpeamos la puerta y nos recibió una mujer [N. de la R.: Tamara Villar, la pareja del joven]. Se le explicó nuestra presencia, se le leyó el acta y se cumplimentó el procedimiento. La actitud de ella fue normal, no puso reparos, estaba ella sola y nos acompañó por los distintos ambientes de la casa. Se recogieron las muestras: un cepillo de dientes, un peine, una toalla, y las sábanas y las fundas de la cama".

Preguntado por los jueces y los abogados de Abuelas, no recordó haber ido a la panificadora de Villar y negó la presencia de Pedro Sandoval durante el procedimiento. Adujo además que si la magistrada Servini de Cubría hubiera quedado disconforme con el allanamiento, habría designado a otra fuerza para hacer el que se hizo posteriormente, en noviembre de 2005.

Porcel afirmó que no conocía a ninguna de las partes involucradas en la causa y que informó al secretario del juzgado de Servini apenas culminó el allanamiento. Sobre los objetos que recogieron, sugirió que Tamara Villar lo "guió" hacia el cepillo de dientes que tomaron como muestra y sostuvo que presenció el secuestro de las sábanas, "la de abajo y las fundas". "Igual los recaudos sobre las muestras los tiene que tomar el perito", aclaró.

Acerca de los testigos, dijo: "Después me desayuné que eran empleados de la panadería y no noté que se conocieran con la chica que nos atendió". No recordó si alguien tomó fotos del procedimiento, como es de rigor, ni supo si fueron enviadas al juzgado. Finalmente, el imputado, a pedido de la querella, reconoció su firma en el acta del allanamiento.

Genetistas

Los primeros testigos en declarar ante el TOF N° 5 fueron la coordinadora del Banco Nacional de Datos Genéticos, Belén Rodríguez Cardozo, junto con dos asistentes.

"En esta pericia hicimos la extracción de ADN. En el caso del peine lo hisopamos, cortamos un pedacito del cepillo y las fundas, luego amplificamos lo que se extrajo, y luego realizamos las comparaciones y el informe. Lo único que quedó sin peritar fue la sábana porque no se encontró ninguna zona en la que se sospechara que podría haber ADN".

"Obtuvimos perfiles mezcla que podrían atribuirse a más de dos contribuyentes. No se pudo establecer el perfil genético de Pedro Sandoval en las muestras. La contribución de dos o más individuos invalida las pruebas. Con la pericia realizada más tarde sí se pudo confirmar la identidad".

Ladra

Soltero, de 52 años, desocupado, Alejandro Antonio Ladra era estudiante de Veterinaria cuando se hizo el allanamiento y trabajaba en el laboratorio químico de la PF. Fue sobreseído previamente en esta misma causa y ayer declaró como testigo. Se jubiló con los años mínimos de servicio después del hecho porque quedó muy afectado, "no estaba preparado ni capacitado" según dijo, y contó que estuvo tres años bajo tratamiento psiquiátrico por esta causa.

A Ladra lo pasaron a buscar por el laboratorio, en Huergo 680. "Yo no conocía la gente que me pasaba a buscar, me enteré en el viaje del motivo del procedimiento, me dijeron que era una causa por la apropiación de un hijo de desaparecidos, creo que fue el primer allanamiento de este tipo que hice. Mi jefe en el laboratorio me había indicado cómo acondicionar los objetos para que llegaran en buen estado al Banco Nacional de Datos Genéticos. No recuerdo si me dio bolsas de papel o tipo Ziploc. Doy por supuesto que llevé guantes. Dimos muchas vueltas, yo no me bajé del auto, el oficial sí, en distintos lados, no sé dónde, lo mío era una colaboración nomás, yo estaba en el asiento de atrás y no estaba prestando atención. En algún momento [Porcel] se bajó para buscar a los testigos, que no subieron al auto".

No recordó haber parado en la panificadora de Villar ni cuánto duraron las paradas. Dijo que como nunca había participado en un procedimiento similar tampoco conocía los requisitos para la presencia de los testigos. De la última parada, donde Porcel bajó por los testigos, el lugar del allanamiento "estaba a pocas cuadras". Ladra bajó con Porcel y tocaron el timbre. "Era una casa pequeña, con una cerca de madera, salió una señora y Porcel le informó el motivo del allanamiento. Ella nos hizo pasar y después vinieron una o dos personas...".

Ladra subrayó que le llamó la atención lo que les dijo la mujer: "Yo pensé que venían ayer". Y también los pocos elementos que había para ser secuestrados adentro de la casa: "No había máquina de afeitar, había un solo cepillo, un peine, y lo que estaba ahí se acondicionó y se colocó en los sobres que me habían dado en la oficina. Se los entregué al oficial y ahí terminó mi trabajo".

Con respecto a "las personas que entraron", que Ladra declaró que ignoraba si eran los testigos, dijo que tenían "un trato familiar" con la mujer. "Uno era un hombre y la otra persona no recuerdo. Llegaron a los pocos minutos que nosotros, golpearon la puerta también". Recordó que fue a la habitación y sacó las sábanas que estaban puestas en la cama, que en el baño le comentó a "la chica" que había muy pocos elementos, que se llevó el cepillo de dientes y el peine, que el acta la confeccionaron allí mismo, y que él puso su firma. Además recordó que Tamara Villar les ofreció un café y que ellos aceptaron. "Después me llevan a mi división, no tuve más contacto con los objetos y me desentiendo completamente", señaló.

Ladra participó también en el segundo procedimiento por el que sí se pudo determinar la identidad del joven. "Cambió el horario, fue a la madrugada, a la tres de la mañana, con otro oficial principal del mismo Departamento, de apellido Corinaldesi. Acá la situación fue más tirante, ahí sí estaba el damnificado, entonces estuvo más complicado, hubo insultos hacia nosotros, no nos quería dejar entrar, después entró en razón y ahí sí había muchos más elementos, y él estaba más que nervioso por la situación, fumaba, entonces le informo al principal que la colilla podía ser una buena muestra y procedemos a recogerla. La convocatoria de testigos fue realizada en la vía pública, fue muy engorrosa, viajamos después en el asiento de atrás amontonados, estuvieron durante todo el procedimiento. Al joven se le trató de explicar para que se calmara y entró en razón, estaba la esposa también".

Ante la pregunta de los abogados de Abuelas, Ladra dijo no saber qué pasó con las muestras tomadas en el primer allanamiento. Se le leyó una declaración anterior en la que afirmaba que había una persona más en la casa de la mujer durante ese primer procedimiento, pero ahora curiosamente no recordó nada. También había dicho que había dos cepillos de dientes en el baño y que se le preguntó a la mujer cuál era el de su esposo, algo que ayer también se le olvidó, entre otras cosas más.

Pedro Sandoval

Luego de que la querella desistiera a Daniel Vergara, el chofer, como testigo, y de un cuarto intermedio de quince minutos, prestó testimonio Pedro Sandoval Fontana:

"Yo tenía otro nombre, Alejandro Adrián Rei. Me enteré que Víctor Rei no era mi padre en 2004, él me cuenta que yo no era su hijo, se larga a llorar, me dice que yo era adoptado, entonces lo dejé pasar, para mí la adopción es uno de los actos más loables del ser humano. Días después queda detenido, lo voy a ver a Campo de Mayo, me dijo que su detención era algo político, le creí, fueron pasando los meses y yo me negaba a saber la verdad de mi historia, no me animaba".

"Un día mi apropiador me llama, lo voy a ver y me dice que en 48 horas iba a haber un allanamiento en mi casa. Entonces me da una bolsa con objetos, un cepillo de dientes, un peine, una toalla y una remera de él, para que cuando fueran a hacer el allanamiento yo les entregue esos objetos".

"Rei me pedía que yo me niegue a hacerme cualquier tipo de extracción. A mí me era más fácil acatar lo que él me pedía. La relación con él era buena, un hijo hacia quien considera su padre tiene cierta devoción, para mí él era mi padre, y lo quería como tal, entonces todo lo que él me pedía yo lo acataba, más por la forma en que fui criado, tenía que obedecer u obedecer. Cuando se lo juzgó por mi apropiación, me di cuenta que la realidad era lo contrario a lo que me imaginaba, que nuestra relación era más bien castrense. El día que yo me encontré por primera vez con mi familia en el despacho de Servini de Cubría, ahí fue el primer abrazo de verdad que tuve en mi vida, con mi abuelo".

"Rei era comandante mayor retirado de Gendarmería y en Campo de Mayo estaba detenido pero muy tranquilo. Él me dice del allanamiento y ahí me da los objetos para darles. Yo nunca le hice ninguna pregunta, los agarré, él estaba con el perro de la familia y yo pasé los objetos por el animal, y nos reímos los dos por lo que estábamos haciendo. Los objetos eran de él y lo que me acuerdo ahora es que el peine lo había usado el hijo biológico de él, Gustavo, me lo contó Rei. Me llevé los objetos a casa, los dejé en la habitación, y pasaron dos días y fueron a hacer el allanamiento y les entregué esos objetos como también una sábana que no me había dado Rei".

"Primero fueron a lo de mi suegro, después a la panificadora donde yo trabajaba, ahí charlaron con mi suegro y el hermano de mi suegro, ahí me entero del allanamiento, y ahí ellos van atrás mío hasta mi casa y ahí se realiza el allanamiento. Yo vivía en la calle Ombú con Tamara, la novia, y sus dos hijos. En la panificadora me enteré que me estaban buscando. Me quedé tranquilo porque era lo que mi apropiador me había dicho que iba a pasar. Nos ponemos a hablar y acordamos en que yo iba con el auto y ellos me seguían. Hicimos las 15, 20 cuadras, ahí estaba Tamara, en el auto de ellos eran tres, dos policías y un perito. En casa estaba Tamara, había café, les ofrezco, dijeron que no, se sientan en el living, yo voy para el dormitorio a buscar la bolsa con las cosas, me acerco y les muestro los objetos, ellos los guardan en una bolsa papel madera y dicen que faltaría algo más, entonces vamos a mi dormitorio, me piden unas sábanas, les di las de la cama, me dicen que esas no, que agarre unas guardadas, esto me lo dice Porcel. Saqué las cosas de la bolsa delante de ellos y ellos las fueron guardando. No hizo falta preguntar nada, como que estaba acordado que iba a ser así".

"Cuando llegamos le dije a Tamara que ellos venían por el allanamiento, y como yo ya le había contado a ella fue todo normal. Ella lo único que hacía era ofrecer café o mate. Cuando volvemos con Porcel de buscar las cosas en el dormitorio, uno estaba tomando un café y el otro un mate. Era todo muy ameno. Cuando estábamos en la panificadora ellos me pidieron disculpas, Porcel pidió disculpas, era el único que hablaba, que no estaban de acuerdo con el procedimiento, los otros dos estaban más sumisos. Nunca se identificaron, ni tampoco yo les pedí nada. Nunca vi una orden ni me mostraron. Los tres estaban de civil. No había testigos. Cuando estábamos en casa ahí salió `che, necesitamos los testigos`. Entonces Porcel preguntó si de la panificadora no podíamos conseguir testigos y salimos de nuevo para allá y ahí Porcel habló con mi suegro y mi tío mandó llamar a dos trabajadores y se les avisó que ellos iban a ser los testigos. Quedaron ahí. Nunca fueron a ver nada a mi casa. Uno leía y escribía, el otro a duras penas".

Cómo sigue

El juicio continuará el martes 9 de diciembre con los testimonios de Paula Tamara Villar y Pedro Villar, quienes ayer no se presentaron. Se estima que en esa misma audiencia podría conocerse el veredicto.

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