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Noticias · 27 de marzo de 2021

“Pedían lo mismo que nosotros, justicia”

  • Fuente: Abuelas
  • Autor: Abuelas

El abogado Pablo Llonto, por la querella mayoritaria y por Abuelas, solicitó cadena perpetua para todos los imputados en el juicio Contraofensiva Montonera.

El juicio por los delitos de lesa humanidad cometidos por la dictadura en el marco de la Contraofensiva Montonera está llegando a su fin. El TOF Nº 4 de San Martín lleva la causa en la que se juzga a seis ex integrantes de los servicios de inteligencia del Ejército argentino por la privación ilegal de la libertad, tormentos y homicidios de 94 personas, entre 1979 y 1980. Después de seis intensas jornadas –y a más de un año de iniciado el debate oral–, finalizó el alegato de la querella mayoritaria y de Abuelas de Plaza de Mayo, representada por el abogado Pablo Llonto, quien solicitó condenas a prisión perpetua para todos los acusados, de cumplimiento efectivo en cárcel común.

La detallada exposición de Llonto ante los jueces comenzó con el relato de los 36 casos que tuvo a su cargo en este juicio y continuó con las tareas y roles de cada imputado. “Se está juzgando a toda la cúpula de la inteligencia del Ejército por primera vez. La inteligencia era el nervio motor que accionó el terrorismo de Estado en la Argentina, pieza central en el fin de la impunidad. Hacia allí se deben dirigir las investigaciones, las pruebas y las sentencias”, afirmó.

A lo largo de su intervención, Llonto hizo eje en el derecho a la resistencia, una idea que recorrió todo el juicio, y en ese sentido revalorizó la palabra “clandestinidad”, puesto que en plena dictadura no había forma de ser parte de la resistencia sin algún tipo de clandestinidad, como por ejemplo usar otro nombre.

También subrayó que el 67 por ciento de los desaparecidos eran trabajadores y la mitad, obreros industriales. El régimen atacó un modelo de país y la violencia se ejerció sobre una clase social. Montoneros pasó a integrar esa resistencia. La Contraofensiva estaba formada también por militantes y trabajadores de todo el país a quienes se sumaron los que regresaron en los años 78 y 79.

Hoy resulta difícil poder comprender qué pasaba por el corazón y la cabeza de esos jóvenes que aprendieron a subsistir en el exilio, sin contacto con sus familias, que cargaban con la culpa de haberse ido dejando a otros compañeros en situaciones terribles, y esto llevó a muchos a volver en 1978.

En la la primera parte del alegato, Llonto en tomó los últimos 4 casos de los 36 que representó en el juicio. Comenzó con Daniel Cabezas. Continuó con Luis Fleitas y Hugo Vocouber, integrantes de las Ligas Agrarias, diezmadas por el terrorismo de Estado, y finalizó con la desaparecida Alcira Machi. En la segunda mitad, el abogado se dedicó a identificar las tareas y roles de cada imputado.

Llonto se detuvo en el papel de uno de los acusados, Marcelo Cinto Cousteaux, involucrado en el caso de la familia Lanuscou, analizado durante el juicio, integrada por el matrimonio de Roberto y Amelia y sus tres hijos: una nena de cuatro años, un niño de seis y una bebé de seis meses llamada Matilde. Hombres armados entraron a su casa el 4 de septiembre de 1976 y allí mismo asesinaron a la niña mayor, al niño y a sus padres. Matilde aún continúa desaparecida y desde Abuelas aún la buscamos.

“Pretenden ocultarse bajo la máscara de la cordura, tratar de dar lástima para manejar información y controlarla porque son fríos y calculadores –expresó Llonto, en alusión a los represores–, se los transforma en enfermos y en abuelitos para que los jueces no vean los delitos. Se marginan los crímenes y se logra una suerte de empatía”.

En el cierre, apelando a toda su emotividad para llegar a los jueces y la jueza, pidió perpetua para los seis imputados y afirmó: “Queremos que sepan que atrás, en este camino hacia la justicia, vienen nietas y nietos, otras juventudes, otro pueblo que va a seguir reclamando por esos jóvenes que dieron todo y no pidieron nada, que tenían esperanza y apelaron a la resistencia, por esos jóvenes que creyeron en la fraternidad y en la igualdad. Ellos pedían lo mismo que nosotros: justicia”.    
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