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Noticias · 29 de abril de 2021

“Mi familia, como tantas otras, fue muy perseguida”

  • Fuente: Abuelas
  • Autor: Abuelas

La querida Alba Lanzillotto, histórica integrante de Abuelas, declaró sobre el caso de su hermana Ana María y su cuñado Domingo Menna y el encuentro con su sobrino Maxi en 2016. También dio testimonio el nieto restituido Pablo Casariego Tato.

En la megacausa Campo de Mayo prestaron testimonio Alba Lanzillotto y Ramiro Menna, tía y hermano respectivamente del nieto 121. Ana María Lanzillotto y Domingo Menna, ambos cuadros del PRT-ERP, fueron secuestrados el 19 de julio de 1976, ella embarazada.

“Any tuvo su primer hijo, Ramiro, después otro que murió ahogado por el cordón umbilical, y estaba embarazada de ocho meses. Nosotros vivíamos en La Rioja, nos escribíamos por carta, ellos ya estaban en Buenos Aires y se mantenían en contacto con una tía que vivía allá", contó Alba.

“Me entero del secuestro en Carmen de Patagones, que fue el comienzo de mi exilio, cuando la radio informó del operativo en Villa Martelli. En la televisión daban más datos. Por las revistas me enteré que sacaron de la casa a dos mujeres, una embarazada. Todas estas noticias salían”. Más tarde, por la sobreviviente Patricia Erben, supo que los trasladaron a Campo de Mayo.

“Ella dijo que lo había visto a Menna engrillado, algo separado del resto, y a mi hermana sentada en un pasillo con los ojos tapados, embarazada. A Patricia, cuando se iba, porque la liberaron enseguida, el Gringo le dijo su nombre completo y el de Ana María”.

“Me fui al exilio porque había estado detenida unos días en La Rioja y sabía que me buscaban. Pasé primero por Patagones, Buenos Aires, Uruguay, donde tengo unos primos, y ahí estuve casi un año, hasta octubre de 1977, y después a España”.

“Mientras, mi hermano mayor, Carlos Alberto, filósofo, estaba preso en Sierra Chica. Mi segundo hermano, Carlos Mario, con el que nos fuimos de La Rioja, era abogado y defensor de presos. Él presentó un hábeas corpus y luego hicimos la denuncia en Amnistía Internacional. A Ramiro lo llevaron a una comisaría de San Martín. Mario supo dónde, lo recuperaron y mi hermana de Patagones lo llevó a su casa".

"Todos sabíamos que Ana estaba embarazada y que dio a luz, no sabíamos si era varón o mujer. Había dicho que su hijo iba a nacer el 21 de septiembre de 1976. No sabemos qué día ha nacido. La familia que lo crió lo anotó el 24 de agosto".

"Cuando volví del exilio, yo estaba en La Rioja, era docente, me dejaron cesante en la dictadura y me habían reincorporado. Nos vinimos con mi esposo a Buenos Aires y ahí empecé a ir a Abuelas todas las veces que podía".

"En 2016 la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (Conadi) estaba investigando los chicos entregados por una partera de la provincia de Buenos Aires que ya había entregado dos nietos de las Abuelas y un tercero que tenían anotado era el hijo de mi hermana Any".

"Llamaron a Maxi, que no tenía dudas sobre su identidad, y le pidieron que se hiciera el ADN y aceptó. Tiempo después lo llamaron y le dijeron que vaya a la Conadi. A mí me llamó Estela y me dijo que vaya a Abuelas. Ahí me informaron que habían encontrado a mi sobrino".

"Y a mi sobrino le informaron quién era, y como es médico enseguida se dio cuenta que era así. Pidió conocernos enseguida, y dos días después fue a mi casa, ahí se encontró con su hermano Ramiro, todos sus primos y mi sobrino, un montón de gente que lo esperaba".

"Tuvo una actitud muy amorosa porque cuando estaba en camino le mandó un mensaje a Ramiro: 'Estoy yendo a casa de tía Alba. Tu hermano Maxi'. Toda nuestra familia había dejado sangre en el Banco Nacional de Datos Genéticos para encontrarlo, el árbol genealógico completo".

"Mi otra hermana, Cristina, y su esposo, Cacho Santillán, también fueron desaparecidos. En 2006 el Equipo Argentino de Antropología Forense encontró restos en el Cementerio de Avellaneda e identificó los de Cristina y Cacho. Hoy están enterrados en La Banda, Santiago del Estero".

"De Anita y el Gringo suponemos que están muertos, pero no sabemos dónde están. Mi familia, como tantas otras, fue muy perseguida. Los argentinos debemos repudiar todo intento de dictadura, tenemos que vivir en una verdadera democracia", cerró Alba.

A su turno, Ramiro Menna recordó a sus padres: “Mi mamá, Ana María Lanzillotto, nació el 22 de abril de 1947 en La Rioja, y mi papá, Domingo Menna (originalmente Domenico), nació en Italia el 1 de marzo de ese año”.

"Muchos jóvenes, del campo y la ciudad, estudiantes y obreros, mujeres y hombres, convergieron en la experiencia del Partido Revolucionario de los Trabajadores que implicaba el deseo y el sueño de transformación y emancipación para la Patria Grande”.

"Nací el 10 de abril de 1974, la persecución política hizo que nuestra vida sea nómade, no teníamos residencia fija, sobre todo a partir del 24 de marzo del 76. El 19 de julio del 1976, el día del secuestro, yo tenía dos años y mi vieja estaba embarazada".

"Muere el primero del PRT, Mario Roberto Santucho, el segundo, Benito Urtiaga, y son secuestrados mi viejo, el tercero, mi vieja, Liliana Delfino, pareja de Santucho, José, hijo de Urtiaga, y yo. Luego mi tío Cholo (Mario Lanzillotto) pudo averiguar que yo estaba en una dependencia policial”.

Ramiro refirió la exhaustiva reconstrucción, a través de testimonios de sobrevivientes e incluso de un suboficial, que hizo del paso de sus padres por Campo de Mayo. También el trabajo de Abuelas para buscar a su hermano y la enorme alegría de encontrarlo. "Había sido entregado en una clínica de Wilde por la partera Juana Franicevich, que ya había firmado otros partos, y fue una de las líneas de investigación que permitió dar con Maxi".

"Celebro la realización de este juicio y de todos los que están brindando luz, verdad y justicia sobre el terrorismo de Estado en nuestro país. No es sólo reparar un hecho pasado, es fertilizar la democracia del presente, hay que defender estos espacios y que nuestro pueblo esté siempre alerta, que nunca escuchemos decir que necesitamos formas más autoritarias de administrar el país".

"El país que nos debemos, que está en construcción, esa América Latina emancipada es el sueño que Ana María y Domingo enarbolaron. Ruego que Dios nos dé la fuerza para que de verdad podamos construir esa Argentina que brinde oportunidades para todos y todas", concluyó.

En la misma audiencia, declaró el nieto restituido Pablo Casariego Tato. Hijo de Norma Tato y Jorge Casariego, militante de la JTP, nació en cautiverio y fue apropiado por el médico militar Norberto Bianco y su esposa Susana Wehrli.

"El secuestro fue el 14 de abril de 1977. Se supone que los llevaron directo a Campo de Mayo. Fue de madrugada, violentaron la puerta del departamento, se llevaron a mi mamá, mi papá, mis dos hermanos maternos, hasta al perro se llevaron, yo estaba en la panza de mi mamá”.

"Estaba embarazada de cinco meses. A mis hermanos de 5 y 2 años los dejaron en un departamento de al lado, al resguardo de dos chicas vecinas. Después el portero llamó al hermano de mi mamá y él fue a retirar a los chicos. Imagino las patadas que habré ligado con mi mamá".

"Nací en Campo de Mayo. Hasta 1986 que nos fuimos a Asunción, vivía muy cerca. Era como el campo de deportes de mi infancia. Un lunes 7 de abril de 1986 viene Bianco a casa y dice 'nos tenemos que ir de vacaciones ahora'. Yo tenía 8 años. Esas vacaciones duraron 20 años".

"Ahí fue todo un periplo. Esa madrugada fuimos a Entre Ríos, Paysandú, al norte de Uruguay, pasar en colectivo, todo clandestino, al sur de Brasil, Curitiba, un avión a Foz do Iguazú, cruzar a Ciudad del Este, por entonces Presidente Stroessner, y de ahí hasta Asunción".

“La denuncia en Abuelas sobre mi caso la hizo una tía de mi mamá. En 1987 Interpol nos ubica y la policía paraguaya los detiene. Bianco y Susana nos cuentan que no éramos hijos de ellos, y nos explican que Carolina no era hija de desaparecidos, pero yo sí. ¿Pero de quién?".

"Nunca me lo pudo explicar, yo estuve negado mucho tiempo, no quería saber. En el 2003 me vengo a vivir a Buenos Aires por estudios. Juliana García y Abel Madariaga, secretario de Abuelas, se acercaron a mí porque podía ser que yo fuera hermano de Juliana o hijo de Abel".

Juliana, en Asunción, le había tomado una muestra de sangre y en Buenos Aires le acercó el resultado: era hijo de Norma y Jorge. Pasó un año más hasta que Pablo se animó a resolver el tema de su identidad. Primero conoció a su tío, a quien encontró en la guía telefónica.

"Con la ayuda de mi mujer empezamos a hacer ese camino, conocí al hermano de mi mamá, a mis hermanos paternos, algún tío más. Cuando tuve eso organizado les conté que me iba a presentar al juzgado. Me analicé en el Durand y salí siendo oficialmente Pablo Casariego Tato".

"Les pido a las personas procesadas en esta causa que digan la verdad, no hay que esconder nada, hay que ser digno de la sentencia, no escaparle a la culpa. Nos ahorraría revictimizarnos. Cuenten lo que saben", pidió Pablo.

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