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Noticias · 23 de diciembre de 2019

“La salud mental de este país también se la debemos a las Abuelas”

  • Fuente: ANCCOM
  • Autor: Azul García y Emilia Holstein

La nieta Lorena Battistiol y la cantante Malena D’Alessio fueron las protagonistas de una entrevista abierta que giró en torno a la memoria, las raíces y la lucha.

El Centro Cultural de la Cooperación se cubrió de recuerdos y reflexiones en el ciclo “Memoria Identidad”, organizado por Abuelas, la Agencia de Noticias de la Carrera de Ciencias de la Comunicación (ANCCOM) y La Cultural, un espacio de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. Malena D´Alessio, cantante de hip hop -ex integrante del grupo Actitud María Marta- y Lorena Battistiol, quien busca a un hermano o hermana nacido en cautiverio durante la última dictadura, compartieron retazos de sus historias como hijas de desaparecidos y su relación con la música. El cierre estuvo a cargo de las voces de D’Alessio y Mariana Debenedetti con una fusión de ritmos latinoamericanos y rap.

“Me acerqué a la casa de las Abuelas en el año 2000 porque tenía ganas de hacerme cargo de esta historia”, contó Lorena y relató el recorrido que la llevó a participar de la lucha por los derechos humanos y a continuar la búsqueda de su hermane nacide en cautiverio. Ambas entrevistadas coincidieron sobre la forma en que fue tratada la desaparición de sus padres y hermane en el caso de Lorena, y de su padre en el de Malena D’Alessio: “Fue un tema muy difícil de abordar, de muchos silencios”, explicó la artista. Sin embargo, en uno y otro caso fueron las abuelas quienes pudieron recordar, hablar y seguir nombrando a los desaparecidos. “Mi familia intelectualizaba mucho todo pero mi abuela hablaba y podía llorar. Lo que a uno le debería suceder ante semejante tragedia. A mi abuela le debo mi salud mental”, sostuvo.

Lorena conmovió al narrar su vínculo con su abuela, quien la crió luego de la desaparición de sus padres. “Mi abuelo tenía muchos miedos. Mi abuela salía a la calle, hacía reclamos, iba a las comisarías, a los tribunales, a los hospitales. Tenía el coraje de hacerlo”, contó entre lágrimas que contagiaron al público. Las experiencias personales de Malena y Lorena son representativas de lo que a toda la sociedad argentina le sucedió gracias a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo: ellas echaron luz a un tema que estaba vedado. “La salud mental de este país también se la debemos a ellas”, concluyó la cantante.

“En mi caso se cruzan las dos identidades que nos convocan, me dedico a la música pero también soy hija de desaparecido”, afirmó Malena. La identidad es un tema que se ha planteado mucho en su vida. Por un lado, quiso reconocerse como hija de desaparecido y reivindicar la lucha de su padre en una sociedad que aún reproducía discursos negacionistas. Su comienzo en la música se dio en paralelo a esta percepción. Luego recorrió otros caminos para desetiquetarse y acercarse a otros rincones que la hacen ser quien es hoy. “No soy sólo hija de desaparecido, soy un montón de otras cosas. En esa lucha de poder construir la identidad de uno es cuando transcurre la vida”, dijo.

Para Lorena su acercamiento a la música fue y es muy distinto. “No tengo cultura musical, lo mío es el reggaeton, bailar. Me gusta la música pedorra”, confesó. A partir de allí el intercambio giró en torno a la pregunta de por qué desvalorizar así a una música que habla de la vida cotidiana de los pueblos latinoamericanos

“Siempre me interesó ser partícipe de esas culturas donde el baile y la música forman parte de la vida constantemente”, reflexionó Malena. Para ella, la mirada eurocéntrica que caracteriza a la Argentina siempre mira con cierto desprecio a la cumbia, al reggaeton y a otros ritmos que tienen sus raíces en las culturas afros. “No creo que sea música pedorra. La cuestión de los derechos humanos también implica cuestionarnos qué es la música culta, representada en nuestro país por un teatro llamado Colón”, puntualizó.

La infancia de Malena estuvo marcada primero por el rock nacional, después conoció “la música negra”, hasta que ese recorrido la llevó al hip hop que le cambió la vida: “Me generó una sensación como el enamoramiento”. Ahí encontró una forma de hacer catarsis que le reveló que no sólo podía escuchar música, sino también crearla. “Me salvó la vida y creo que esto le puede pasar a todo el mundo. Sobre todo la música pedorra”, dijo haciendo reír a todes.

El momento más emotivo se dio cuando Lorena habló de sus abuelos, de las vivencias cotidianas junto a su hermana y con el peso de sus padres desaparecidos. “Había dos momentos que se repetían todos los años donde mis abuelos lloraban”, recordó. El primero era cuando su abuelo les enseñaba las tablas y a ellas les costaba aprenderlas. Su abuelo lloraba de impotencia. El segundo, era todos los 24 de diciembre a la noche. “Ellos se acostaban a dormir temprano y a las doce íbamos con mi hermana a despertarlos para brindar”, contó, dando a entender lo mucho que los movilizaba esa fecha. Y agregó: “Creo que era la Navidad, el nacimiento, la esperanza. Siempre preferí que llegara año nuevo para no pasar por eso todos los años”. Ante su angustia, Malena apoyó la mano en su pierna y le sonrió. “Es bueno hablar de las tragedias y cuestionar dogmas instalados en la sociedad como la idea de que los adultos no lloran”, señaló y añadió: “Los problemas no sólo hay que hablarlos sino que hay que bailarlos”.

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