Prensa

Noticias · 02 de enero de 2020

La búsqueda es cada vez más urgente

  • Fuente: Abuelas
  • Autor: Abuelas

Esperamos contar con el apoyo del Estado para encontrar a nuestras nietas y nietos que aún no conocen su verdadera identidad.

Llevamos 42 años buscando a nuestros nietos y nietas apropiados durante la última dictadura cívico-militar. Hasta hoy hemos resuelto 130 casos. En dictadura logramos localizar a cinco niñas y niños y durante los primeros años de democracia rescatamos de la mentira a decenas más, que pudieron ser criados por sus familias legítimas. Lentamente la sociedad fue comprendiendo la gravedad del delito de apropiación y diversos sectores se comprometieron con nuestra búsqueda.

El terrorismo de Estado en la Argentina robó niños y niñas a madres y padres secuestrados y desaparecidos, los entregó a otras familias –como si fueran objetos– y fueron inscriptos como hijos propios, despojados de sus identidades e insertados en tramas familiares ajenas. Profesionales de la genética, la psicología, el derecho y las ciencias sociales comenzaron a estudiar la problemática de la apropiación, a aportar herramientas de búsqueda y a interpretar tan aberrante delito cuyos efectos traspasaban del ámbito privado al público. Siempre movidas desde el amor, hemos buscado soluciones apegadas a las normas y leyes vigentes, con paciencia y pacíficamente.

En 2003, un Estado democrático con signos de madurez asumió la búsqueda de los nietos y nietas como una política de Estado. Prueba de ello fue la creación de organismos como la Unidad Fiscal de búsqueda de niños apropiados en dictadura o el Grupo Especial de Allanamientos, la Red por el Derecho a la Identidad, así como el fortalecimiento de otros ya existentes, como la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (CONADI) y el Banco Nacional de Datos Genéticos (BNDG). Estas dependencias y otras dieron impulso a la resolución de apropiaciones y diversos delitos de lesa humanidad, contribuyeron a instalar nuevos marcos de referencia para que posibles hijos/as de desaparecidos se preguntaran por su origen, y favorecieron a aquellos que tenían alguna información a brindarla. La opinión pública también acompañó y respaldó los procesos de búsqueda y restitución que iban atravesando los 46 nietos y nietas recuperados en esos años.

En estos últimos cuatro años, hemos visto disminuir el promedio de restituciones, a la vez que, con profundo dolor, debimos despedir a decenas de compañeras que partieron sin encontrar a sus nietos y nietas, a quienes buscaron por más de 40 años. Solo quedamos una decena de Abuelas activas en todo el país; nos entristece legar esta búsqueda a nuestros nietos y nietas, a hermanos y hermanas, tíos y tías que también ansían concretar el encuentro. Asimismo, resulta preocupante que a esta altura estos hombres y mujeres transiten la mitad de su vida sin conocer la verdad sobre su origen, que sus hijos –nuestros bisnietos/as– puedan heredar esa historia falsa y que algunos incluso se vayan de este mundo sin conocer su verdad, porque, aunque suene duro, ya hemos tenido que exhumar cadáveres que han sido denunciados como posibles hijos de desaparecidos.

Entendemos que esta lucha no es sólo nuestra sino de toda la sociedad, que a 36 años de recuperada la democracia todavía tiene desaparecidos con vida. El tiempo corre y la búsqueda es cada vez más urgente, por tal razón planteamos la necesidad de un plan a corto plazo con la ilusión de concluir con la tarea de restituir la identidad a los nietos y nietas que aún no han sido encontrados. Sabemos que a los casos que buscamos se podrán sumar otros que desconocemos, porque la información sobre ellos la tienen los genocidas, los apropiadores y sus cómplices, pero aun así anhelamos esclarecer la verdad.

Para poner en marcha este plan necesitamos el apoyo del Estado, ya sea en vinculación con políticas públicas existentes y con otras nuevas. Esperamos contar con él. 

Seguir Leyendo