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Noticias · 02 de agosto de 2020

“Hay muchos represores que están quedando impunes”

  • Fuente: Abuelas
  • Autor: Abuelas

Mariano y Raquel Robles declararon en el juicio por los delitos de lesa humanidad cometidos en Campo de Mayo. La madre de ambos, Flora Pasatir, estaba embarazada.

Uno de los más de 300 nietos o nietas que sigue buscando Abuelas, es el hijo o hija de los desaparecidos Flora Pasatir y Gastón Robles, secuestrados el 5 de abril de 1976 en su casa de La Plata y llevados a Campo de Mayo. Ellos son parte de las 323 víctimas cuyos casos investiga el Tribunal Oral Federal 1 de San Martín en el juicio por los crímenes cometidos en ese centro clandestino de detención.

Flora y Gastón eran militantes de Montoneros. La pareja tuvo dos hijos, Raquel y Mariano. Flora tenía además otros dos hijos –Gabriel y Ana– con su compañero anterior. Raquel y Mariano eran niños y, junto con su abuela que vivía con ellos, presenciaron el secuestro de sus padres. Por testimonios de sobrevivientes, se supo que la pareja permaneció en Campo de Mayo y que Flora estaba embarazada.

Mariano Robles declaró como testigo desde Córdoba, donde vive, y reconstruyó lo que fue pudiendo saber del hecho, ya que al momento del secuestro tenía tres años y, según aclaró, tiene “borrón de memoria”, secuela de lo que le pasó. "Quedamos con mi abuela en la casa varios días, después nos vino a buscar una amiga de mi papá, Dina Foguelman, y fuimos a vivir Ramos Mejía con unos tíos".

Mariano admitió que la desaparición de sus padres era un tema espinoso de hablar cuando era chico, salvo con aquella amiga de su padre. "La mayor parte de lo que sabemos es gracias a ella”, dijo. "Con el tiempo, lo que les pasó a ellos y a sus compañeros fue cambiando, pero nuestra infancia en Ramos Mejía fue difícil. Éramos 'los hijos de los subversivos', hemos pasado situaciones muy difíciles con mi hermana. Me siento muy orgulloso de quién soy y de mis padres", afirmó.

"Hoy intento llevar con orgullo el legado de mis padres y ser una buena persona. Nos han hecho muchísimo daño a todos, ya está comprobado que fue un plan sistemático", sostuvo Mariano, quien lamentó la demora de la justicia. "Mi hermana Ana no vive para dar testimonio", agregó.

Al igual que Raquel, quien declaró luego que él, Mariano criticó la poca cantidad de imputados en el juicio (22). "Hay muchos represores que están quedando impunes", subrayó y confesó que durante mucho tiempo no tuvo esperanzas de que el juicio finalmente acontezca.

A su turno, Raquel detalló el encuentro que ambos mantuvieron en 1996 con un represor de Campo de Mayo llamado Juan Carlos Solís. "Primero llamó por teléfono a la sede de Familiares, donde nos reuníamos con HIJOS, porque quería decirnos algo sobre mi mamá", contó Raquel. Se reunieron en un bar de Congreso y Solís se presentó como el custodio de las mujeres en el centro clandestino.

Si bien parecía afectado psiquiátricamente, y mostraba indudables rasgos de psicópata, Solís tenía información precisa. Describió el reloj de Flora y contó que ella recitaba poesías –algo cierto–, lo cual convenció a Raquel de que decía la verdad. Acompañada por Marta Dillon, periodista y amiga suya, se juntaron una vez más con el represor y le pudieron sacar más datos. "Pude ver que tenía una obsesión grande con mi mamá y conmigo, que era muy parecida a ella", afirmó Raquel.

Más tarde, Raquel prosiguió sus averiguaciones para establecer la veracidad de los dichos de Solís, a través de la búsqueda de legajos y documentación y el testimonio de un ex detenido-desaparecido, Pedro Palacios García, quien confirmó que estuvo con Gastón en Campo de Mayo. “Qué cínicos que son, primero te torturan y después te dan un chocolate”, fue una de las frases de Gastón que recordó Palacios García.

Gastón Robles era ingeniero agrónomo, tenía 40 años al momento de ser secuestrado y había sido asesor del Ministerio de Asuntos Agrarios bonaerense durante el gobierno de Oscar Bidegain. Flora Pasatir había estudiado Letras y tenía 44 años (cumplió 45 en cautiverio). "Sé que fui una niña amada y mi hermano también, porque soy capaz de amar y Mariano también. Es el saber más importante que conservo. Tan identificada estaba yo con mi mamá que quise ser ella y cuidar a mi hermano como si fuera mi mamá. Es lo más difícil que tuvimos que resolver", expresó Raquel.

Entra otras cosas, contó que días después del secuestro "un vecino vio que fueron militares con un camión de mudanzas, que lo pusieron de cola y lo llenaron con todo lo que pudieron, se robaron todo". Y destacó que los vecinos protegieron la casa de sus padres durante muchos años: "Ha habido gente que hizo gestos, como éste, que vale la pena dejar asentados".

Sobre el embarazo de su madre, Raquel citó el testimonio de una enfermera del Hospital Militar de Campo de Mayo que presenció el parto por cesárea de "una mujer con canas" que tal vez podría Flora. Además, puntualizó que el represor Solís les habló de una lista que circulaba con el destino de los desaparecidos, donde su mamá y su papá aparecían como 'traslados'. "No sabía si había sido un vuelo con pentotal o un disparo de pistola", dijo Raquel.

"Cuarenta y cuatro años después, todo lo que puedo decir es 'se los llevaron a Campo de Mayo'", remarcó y evocó la sensación infantil de que habían sido abducidos: "Era un silencio total de terror". Raquel y Mariano siguen buscando a través de Abuelas a su hermana o hermano.

De los 22 imputados en el juicio, 12 no tienen condena previa y 9 ya han sido sentenciados por otros delitos. Nuestra Asociación querella contra 8 miembros del Ejército, la Policía Federal y la Gendarmería Nacional, por los crímenes perpetrados contra 46 víctimas, entre ellas 14 embarazadas, 9 padres de niñas y niños apropiados, y otros 23 casos vinculados. Esta megacausa agrupa 175 casos como los de Mercedes Benz, el Colegio Militar, Área 400 y los Ferroviarios, entre otros, que suman 323 víctimas. 

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