Prensa

Comunicados · 14 de julio de 2020

Dolor e impotencia por la partida de nuestra compañera Antonia “Negrita” Segarra

  • Fuente: Abuelas
  • Autor: Abuelas

Otra Abuela que se va sin el abrazo de sus nietos

  • <p>Fue durante muchos años responsable de la filial Mar del Plata y miembro de la comisión directiva. Busca dos nieta/os nacidos en cautiverio.</p>

    Fue durante muchos años responsable de la filial Mar del Plata y miembro de la comisión directiva. Busca dos nieta/os nacidos en cautiverio.

    Fuente: Abuelas

A las Abuelas de Plaza de Mayo nos toca despedir hoy a otra compañera Antonia “Negrita” Acuña de Segarra, en este caso con el desconsuelo agravante de que no pudo encontrar sus nietos, en plural, porque la dictadura le arrebató a sus tres hijos, dos de ellas mujeres secuestradas embarazadas: Laura, de 17 años, con su embarazo a término, y Alicia, de 21, que estaba de dos meses y medio.

Negrita nació el 23 de enero de 1934 en Tucumán, luego se mudó con su madre a Buenos Aires y, cuando se casó con Osvaldo Segarra, se radicó en Mar del Palta. Desde entonces, la ciudad balnearia fue el escenario de su vida y sus luchas. A los 44 años, en pleno Mundial ‘78, la dictadura desapareció a sus dos hijas embarazadas y sus yernos –Pablo Torres y Carlos Mendoza–, y después a su hijo Jorge. Negrita inició allí el camino de búsqueda que sostuvo hasta su último halo de conciencia.

Como la mayoría de los familiares de desaparecidos, recorrió comisarías, juzgados y decenas de dependencias del Estado, sin obtener respuesta. En una visita desesperada a Plaza de Mayo se encontró con otras Madres que hacía un año recorrían despachos oficiales en busca de sus hijos, hijas, nietos y nietas. Allí supo de la existencia de las Abuelas de Plaza de Mayo, se incorporó a la institución y comenzó a replicar el trabajo en Mar del Plata. Visitaba asiduamente la sede de Abuelas en Capital. Llegaba con su sonrisa ancha, sus labios bien pintados y su cálida voz. Siempre que podía, participaba en las reuniones de comisión directiva, donde compartía información con sus compañeras y diseñaba estrategias. Trabajaba en cada evento de difusión, siempre con la esperanza de encontrar algún nieto, alguno de sus nietos.

Negrita fue protagonista indiscutida de la filial marplatense de Abuelas, que se fue nutriendo de otras Abuelas, familiares y compañeros y se convirtió en un colectivo de lucha, hoy referencia de los derechos humanos en la ciudad. Con el tiempo, las visitas de Negrita a Buenos Aires se espaciaron, la edad y los achaques le impedían viajar. Esa mujer lúcida y cálida se iba despidiendo lentamente, aunque su cuerpo se aferraba a la vida con la esperanza de concretar algún encuentro, hasta que no pudo más. “Yo digo siempre que desde arriba voy a seguir trabajando”, aseguraba hace varios años en una entrevista. Y así será, porque su ejemplo nos guiará para encontrar a los hijos de Laura y Alicia y a todos los y las que faltan.

Querida Negrita, que en paz descanses, encontraremos a tus nietos, ya verás. Hasta siempre.

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