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Noticias · 29 de agosto de 2018

Brigada de San Justo: declararon las nietas María y María José Lavalle

  • Fuente: Abuelas
  • Autor: Abuelas

María estuvo detenida junto a sus padres en ese CCD y María José nacida durante el cautiverio de su madre, recuperó su identidad en 1987

                Las nietas María y María José Lavalle Lemos declararon ayer en el juicio que investiga los delitos de lesa humanidad cometidos en la Brigada de Investigaciones de San Justo, el centro clandestino ubicado en el Partido de La Matanza, contiguo a la Comisaría N° 1 de esa localidad. Allí María permaneció secuestrada junto a sus padres, Gustavo Lavalle y Mónica Lemos embarazada de ocho meses, luego del operativo que sufrieron la madrugada del 20 de julio en su casa de José C. Paz.

María fue devuelta a su familia una semana después del secuestro junto a sus padres, quienes fueron trasladados al centro clandestino Pozo de Banfield, donde Mónica dio a luz a su segunda hija María José, los primeros días de septiembre, de 1977. Una policía que prestaba servicios en la Brigada de San Justo, María Teresa Gonzáles fue quien la apropió, hasta que su familia la recuperó en 1987. La abuela materna de las niñas, Haydée Vallino de Lemos, una de las doce fundadoras de Abuelas de Plaza de Mayo, participó de todas las investigaciones para dar con el paradero de su nieta menor y continuó participando de la búsqueda del resto de los nietos y nietas, hasta que la salud se lo permitió.

María, el primer encuentro

María comenzó su declaración con el relato de lo que durante todos estos años pudo reconstruir acerca de esa noche que le cambió la vida para siempre: “Los vecinos recuerdan que se escuchaban muchos ruidos. Creyeron que estaban robando y salieron a mirar. Vieron que se llevaban a mi mamá a mi papá y a mí y el moisés”. Por investigaciones posteriores pudieron saber que los mantuvieron detenidos allí, al menos hasta el 26 de julio de 1977. María contó que para esa época sus padres ya no estaban militando en ninguna organización, que se mudaron a José C. Paz para tener una vida más familiar y abocarse a la militancia barrial. “Mi mamá era geóloga, en esos años le ofrecieron un empleo en YPF, pero ella decidió decidirse a la docencia. Esa decisión da cuenta de lo que querían”, reflexionó. María también describió el trabajo de sus padre y la vida en el barrio: "Mi casa era una casa puertas abiertas, era la casa de la seño - recordó - Ellos dejaron una huella muy fuerte en el barrio”. Prueba de ello es el reconocimiento que hicieron los vecinos hace dos años en el barrio. Lograron nombrar la calle donde vivíamos con sus nombres: Mónica y Gustavo.

María también reconstruyó su vuelta a casa. El abuelo paterno recibió un llamado preguntando si deseaba recuperar a su nieta. Le dieron una dirección al lado de la casa de sus consuegros, que ya no vivían ahí. Cuando el abuelo llegó se encontró con una niña en estado de shock, que no lograba hacer contacto visual, sucia, con muy mal aspecto. María José en su declaración, lo pondría en palabras de su tía: “Con olor a humo y a adrenalina”.

María describió que poco a poco fui saliendo de ese estado, pero que fueron momentos muy duros: "Empecé a vivir con mis abuelos, pero fueron tiempos muy difíciles. Tenía miedos muy concretos, a los uniformados, a las gorras. Otros síntomas fueron convulsiones, con el tiempo también se fueron yendo estos episodios". María reflexionó sobre todo ese proceso: “Tenía un año y tres meses cuando estuve secuestrada con mis papás, el lenguaje comienza a desarrollarse justo a esa edad. Era mi manera de decir qué era lo que había pasado estando detenida con ellos".

Sobre la búsqueda de María José dijo que siempre supo que tenía una hermana desaparecida que estaba buscando: “Yo le decía a mi tío, salgamos en el auto a buscarla”, recordó. También siempre supo que sus padres estaban desaparecidos e hizo mención a que su Abuela fue una de las Abuelas fundadoras. El encuentro con su hermana llegó diez años después: “Ella tenía diez años y yo doce y medio. A partir de ahí vivimos juntas en la casa de mi abuela materna, hasta que nos independizamos”. Las primeras denuncias que llegaron a Abuelas fueron en 1985 y todas se refería a María Teresa González: “Se mudaba mucho y tenía la costumbre de contar mucho, a cada lugar nuevo que llegaba decía que su hija era ‘hija de subversivos´”. Por las características de González, María contó que luego de la restitución comenzaron a llegar más denuncias. “En octubre de 1987 es la restitución de mi hermana”, puntualizó.

María también aportó datos sobre su tío Mario Alberto Lemos, también desaparecido. Su secuestro se produjo dos semanas después del suyo, junto a sus padres. A él se lo llevaron del taller de Liniers, donde trabajaba el cuero, con dos amigos a los que señaló como clientes y con eso los salvó. Horas después fueron liberados. Ambos reconocieron que estuvieron detenidos en la Brigada de Investigaciones de San Justo. Uno de ellos, Eduardo Argañaraz contó que Mario murió en la tortura. Estos testimonios y el de Lilianana Zambano, con quien Mónica y Gustavo compartieron cautiverio en Pozo de Banfield, fueron fundamentales para saber sobre lo ocurrido con Gustavo, Mónica, María y el destino de María José.

El relato de María José

A través de los relatos de Eduardo Argañaraz y Lilianana Zambano se supo que la apropiadora de María José estuvo en contacto con María, Gustavo y Mónica y que en un principio se iba a quedar con María, pero que le sugirieron esperar el nacimiento del bebé, porque María ya estaba inscripta. Liliana Zambrano, sobreviviente del Pozo de Banfield, supo que los padres de María y Maria José, habían estado en la Brigada de San Justo antes de ser llevados a "Pozo de Banfield", donde nació María José.

María José también pudo reconstruir lo ocurrido con sus padres y su hermana a través del relato de los vecinos. Ellos le contaron lo violento que fue el operativo. María José también conversó con Liliana quien pudo estar con sus padres, luego de su nacimiento: "Liliana me contó que mi papá estaba contento y que le habían dicho que me habían llevado con mis abuelos, como a mi hermana."

Luego se explayó sobre su apropiación y la estrecha relación de María Teresa González con el centro clandestino de detención que funcionó en la Brigada de Investigaciones de San Justo. Muchos datos se fueron confirmando con el correr del tiempo: "Argañaraz contó que los que estaban en la Brigada eran de toxicomanía y mi apropiadora pertenecía a toxicomanía". Las coincidencias en su infancia y el relato de quienes fue conociendo luego de su restitución, le permitieron reconstruir su historia: "Fue muy duro saber que en el mismo lugar que yo iba de chica, mis papás y mi hermana habían estado detenidos. Era muy clara la relación de mi apropiadora con la represión".

Otro testimonio fundamental para saber qué hicieron con la familia Lavalle Lemos fue el de Diana Martín. "Ella me contó que González se iba a quedar con mi hermana, pero que le habían sugerido que se quedará conmigo que iba a estar recién nacida". A través de Martino María José también supo de la perversión de González desde el mismo monto del nacimiento: “Supe que mi apropiadora estuvo en el parto y me puso en su pecho para que recordara su olor”.

María José contó que en la etapa de instrucción del Juicio Brigada de San Justo hizo una inspección ocular al lugar y que pudo reconocer el lugar donde la llevaba su apropiadora. “Eso fue muy impactante para mí”, confesó y continuó a punto de quebrarse: “Son muchos años que viví con otra gente, gente extraña, gente que además había dañado a mi propia familia”.

María José rescató que junto con mi hermana María pudo reconstruir lo que pasaron como familia y como país. "Pienso, éramos dos niñas y cómo nos atravesó, más allá de tener los padres desaparecidos, y nos afectó directamente la represión", remarcó.

Sobre el final de ambas declaraciones, las hermanas Lavalle solicitaron al Tribunal Oral en lo Criminal Federal Nro. 1 de La Plata que subsane el error en la institución de este juicio, que hizo que el caso de María Lavalle quede separado del que juzga la desaparición de sus padres Mónica y Gustavo

El juicio investigará los secuestros, torturas y desapariciones cometidas contra 84 víctimas, de las que 31 continúan desaparecidas. Entre los acusados está el ex jefe de investigaciones de la Policía Bonaerense, Miguel Osvaldo Etchecolatz, el ex ministro de gobierno provincial de facto, Jaime Lamont Smart, y su ex secretario y ex juez federal. Juan María Torino, alejado de la magistratura en 2004 por un caso de corrupción.

Entre las víctimas además de la familia Lavalle Lemos también se encuentran los casos de María Asunción Artigas y Mónica Sofía Grinspon, quienes permanecieron detenidas embarazadas en la Brigada de San Justo y fueron trasladadas al Pozo de Banfield. Además, se incluyen los secuestros de Claudio Ernesto Logares, ambos secuestrados con su compañera e hija. Las audiencias se realizarán en la Cámara Federal de Apelaciones de La Plata, calle 8 nro. 925, entre 50 y 51, La Plata. Para asistir sólo es necesario ser mayor de edad y presentar el documento nacional de identidad.

FOTO: Pula Sansone.

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