Prensa

Noticias · 02 de junio de 2022

“Así como destrozaron mi familia, destrozaron miles”

  • Fuente: Abuelas
  • Autor: Abuelas

Una nieta restituida, una tía y una hermana que buscan, y una hija de desaparecidos cuya abuela la salvó de ser apropiada declararon en el juicio por los delitos en Pozo de Banfield.

El debate oral y público por los crímenes cometidos en los centros clandestinos Pozo de Banfield, Pozo de Quilmes y Brigada de Lanús, que lleva adelante el Tribunal Oral Federal N° 1 de La Plata, continúa con los testimonios de familiares y sobrevivientes.

La nieta restituida María Mercedes Gallo Sanz, hija de los desaparecidos uruguayos Aída Sanz Fernández y Eduardo Gallo Castro, fue una de las que contó su historia: “En 1999 me hice el análisis en el Banco Nacional de Datos Genéticos y el resultado fue que soy hija de ellos. Mi madre nació en Montevideo, mi padre en Salto. Tras el golpe de Estado en Uruguay, escaparon hacia la Argentina. Mi madre ejerció como enfermera, de mi padre no tengo datos de a qué se dedicaba. Se conocieron y entablaron una relación”.

Eduardo tenía tres hijos de una pareja anterior. En el país vecino, militaba en la Unión de Trabajadores Azucareros de Artigas y después, con Aída, en el Frente Amplio 26 de Marzo y en el Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros. Ya en Argentina, ella fue secuestrada la noche del 23 de diciembre de 1977 en su casa de San Antonio de Padua, zona oeste del Gran Buenos Aires, junto con su madre, Elsa Fernández de Sanz, quien había viajado desde Montevideo para ayudarla en el parto. “Mi madre estaba a término –relató Mercedes–. Y sobre mi padre hay distintos testimonios, unos dicen que fue secuestrado el día posterior, y otros dicen que fue en enero de 1978”.

“A mi madre y mi abuela las llevaron a Pozo de Quilmes, pero como allí no había dependencias para las parturientas, a mi madre la trasladan a Pozo de Banfield, y el 27 de diciembre me da a luz a mí, con la asistencia del médico policial (Jorge Antonio) Bergés. Hay quienes afirman que estuve unas horas y otros que estuve unos días con ella, pero al poco tiempo me trasladan a la clínica de obstetricia de Bergés en Quilmes, y a mi madre de nuevo al Pozo de Quilmes. Ahí permanece con vida hasta marzo de 1978”, detalló Mercedes.

“Mi padre, cuando fue secuestrado, quizás en Laferrere, es llevado al Pozo de Quilmes, donde también fue asistido por Bergés porque había tenido una lesión en el pie, y también fue visto con vida hasta marzo de 1978. Hay testimonios que dicen que fue trasladado a Uruguay. Sobre Elsa, mi abuela, no se sabe si fue trasladada a Banfield o si se quedó en Quilmes o hasta cuándo fue vista con vida”, agregó.

“Mientras yo estaba en la clínica, mi madre adoptiva, que estaba haciendo un tratamiento de fertilidad, entra en contacto con Bergés, ahí le explican que había mujeres que daban a luz y que abandonaban a sus hijos o no podían mantenerlos, y le dicen que hay una beba que no tenía madre, y así el 13 de enero ya paso a mi nuevo hogar. Mi partida de nacimiento está firmada por Bergés”, precisó Mercedes.

Otra declaración conmovedora fue la de Soledad Dossetti García, también hija de desaparecidos uruguayos. “Yo estuve secuestrada unos días, cuando tenía siete meses de vida, y me recuperó mi abuela”, contó. Con el golpe de junio de 1973 en Uruguay, su padre, Edmundo Dosetti, perdió el trabajo y la universidad donde él estudiaba Ciencias Económicas e Ileana García, su compañera, profesorado de inglés, cerró. Entonces, se mudaron a Buenos Aires. Igual viajaban habitualmente a Montevideo y la familia a Buenos Aires para visitarlos. “Mi padre continuó sus estudios en la Facultad de Económicas, y mi madre concluyó los suyos de inglés y empezó a dar clases en su casa cuando se embarazó de mí”, añadió Soledad.

Ileana y Edmundo tenían 25 y 23 años respectivamente. “Hoy tendrían 69 y 68 años, todavía serían jóvenes”, se lamentó Soledad. La noche del operativo a ella la dejaron con el portero del edificio. Pasó la Navidad del 77 con los distintos vecinos. “Yo lloraba muchísimo, mi madre aún me estaba amamantando, pasaba las 24 horas con ella”, dijo. Recién a mediados de enero su abuela materna pudo recuperarla de un destino casi seguro de apropiación.

En una audiencia previa, prestaron testimonio Clara Petrakos, quien busca una hermana nacida en cautiverio, y su tía Alejandra Castelllini. María Eloísa Castellini fue desaparecida el 11 de noviembre de 1976, embarazada de entre tres y cuatro meses. “El jueves 11 de noviembre de 1976 al mediodía fue secuestrada a la salida del jardín donde ejercía como profesora de música –relató Alejandra–. Yo estaba con mi papá y mi sobrina en nuestro departamento de Capital Federal. Nos llamó mi mamá y nos avisó que se la habían llevado a mi hermana. Cerca de las siete de la tarde llegó una patota con ella y estuvieron ahí hasta las tres de la mañana. Robaron todo y lo más duro es que mi hermana estaba embarazada y había sido muy torturada. Estaba esposada, prácticamente no podía hablar”.

“A Clarita, que tenía nueve meses, la llevé a Las Heras, hasta que su papá llamó y se la entregué en una plaza en Buenos Aires. Mi mamá entró en un proceso de anorexia y en 1979 tanto ella como mi padre fallecieron en un incendio. Mi hermano en 1981 en un accidente de auto. Algo que fue sumamente traumático fue no saber nada del embarazo de mi hermana ni del parto. En 1983 la sobreviviente Adriana Calvo nos dijo que había dado a luz y la había llamado Victoria. Siempre pienso que la nuestra ha sido una historia mutilada. En cinco años perdimos a cuatro integrantes de la familia. Y tener una sobrina que no sabemos dónde está es muy complicado”, expresó.

Tanto Eloísa como Constantino militaban en el Partido Revolucionario de los Trabajadores. “Los secuestraron porque militaban por una sociedad más justa, por el derecho de todos a una vida digna”, afirmó Clara Petrakos, cuyo exhaustivo testimonio repasó la operatoria de los centros clandestinos, los itinerarios de las embarazadas desaparecidas de Pozo de Banfield, los alcances de la práctica de la apropiación –que incluía la venta de bebés–, el papel de Bergés y de la partera Juana Franicevich, y cómo fue su propia vida desde el secuestro de su mamá. “A veces tocaban el timbre en casa y yo salía corriendo esperando que iba a ser mi papá”, contó.

“Desde el primer momento mi familia buscó, siempre buscamos, ¿pero la justicia?”, se preguntó, en referencia a las dilaciones en las causas vinculadas a la dictadura y, en particular, a la búsqueda de su hermana. Al cierre de su declaración, mostró ante el tribunal la única foto familiar que tiene. “Esto es lo que destruyeron, lo que me quitaron. Así como destrozaron mi familia, destrozaron miles. Hay una responsabilidad que el Estado debe asumir para que esto no vuelva a suceder jamás”, remarcó.

Seguir Leyendo